Hace un par de semanas atrás fui junto a un amigo de la universidad a una tocata en el Galpón Víctor Jara (clausurado hace bastante poco por infracciones a ciertos decretos municipales... en fin, ese es otro asunto: una verdadera tragedia para la música nacional) a ver la segunda parte del evento llamado Circus Rock. No tenía idea de este evento, donde tuve la oportunidad de ver en vivo a algunas bandas nacionales bastante "underground" que uno escucha poco en las emisoras nacionales, y mucho menos en televisión.
Especial atención me llamó la banda grunge chileno Los Ex, del cual su tema más conocido "La Corbata de mi Tío" me trajo recuerdos de hace varios años atrás, así como también Elso Tumbay, banda liderada para mi sorpresa por la Carola Sotomayor (para mi gusto la humorista más fome de la SCA del Via X, pero me di cuenta que lo suyo realmente es la música pues es una gran vocalista y excelente "frontwoman"), quienes cultivan un rock progresivo y algo alternativo bastante interesante, aprovechando teclados, violines e instrumentos similares demostrando ciertas influencias latinas y mediterráneas en su música, dejando un poco de lado las influencias británicas o norteamericanas del rock que ya tanto estamos cansados de escuchar. Muy bien por ellos.
Pero el fin de este artículo no es el de llenar de flores a Elso Tumbay. Aquella tocata me hizo hacerme la siguiente interrogante: ¿por qué bandas tan innovadores, con un sonido tan especial y de tan alta calidad están obligadas a mendigar para que algún sello o productora los pesque, cuando existen otras bandas nacionales de dudosa calidad que fácilmente llenan cualquier local donde vayan? Yo entiendo que la música es un negocio: Como buen estudiante de derecho entiendo la lógica en la que funciona el mercado y su relación con el ámbito del derecho privado: La música es un bien, y para que pueda subsistir debe haber una cierta demanda, deben haber personas dispuestas a pagar por ese bien; personas que estén dispuestas a pagar sus entradas para las diversas tocatas y conciertos, a pagar por un álbum, EP, o cualquier otro tipo de material o merchandising que la banda (administrada por algún sello musical) ponga en el mercado.
Si la banda es buena para producir plata (lo cual no necesariamente significa que es "un verdadero aporte a la música"), habrán sellos interesados en producirla pues la verán como una especie de "mina de oro" de las cuales exprimirán su talento para generar ingresos monetarios: Celebrarán un contrato con la banda en la que la difundirán, promocionarán, le conseguirán tocatas, venderán las entradas de sus conciertos, publicitarán sus discos y los pondrán a la venta y se quedarán con parte de las ganancias, mientras que la banda deberá crear la música, poner la imagen y simplemente tocar. Ahora, ¿qué ocurre si la banda no sirve para generar ingresos? No habrán sellos interesados pues saben que cualquier tipo de promoción generará pérdidas financieras, o en el mejor de los casos generará escasos ingresos del cual no será conveniente considerando el trabajo humano que se requiere.
¿Se entiende la lógica como funciona el mercado musical? Si la banda vende, la escucharás en la Rock and Pop, verás sus discos en la Feria del Disco, afiches de sus conciertos en todas partes y haciendo tocatas en todo Chile, siempre respaldadas por algún todopoderoso sello siendo Sony un buen ejemplo de esto. Si no vende, estará obligada a pasar al mundo "under" tendrá que promocionarse a través de MySpace, Facebook o YouTube, pedirle a sus amigos que corran la voz y diversos mp3 de la banda, y tocar en tocatas "under" a través de producciones "independientes" en lugares como el difunto Galpón Víctor Jara.
Siguiendo con este razonamiento viene la siguiente pregunta, ¿cuál banda vende y cuál no? Este es el fenómeno más interesante, de las cuales a mi juicio existen una serie de determinantes de las cuales enumeraré para un mejor análisis:
- Sus temas deben ser "oreja": El sonido de la banda debe ser pegajoso, tiene que ser una banda de la cual escucharás su single de promoción en el auto, metro o micro y se te quedará pegada la melodía por lo que inconcientemente terminarás tarareándola o cantándola en todas partes, pues así genera gusto en el oyente, e interés de volver a escuchar esa canción y en las demás canciones del artista. No importa que tan innovador o interesante sea el estilo que cultiva el o los músicos, si no se queda pegado en el oyente, no generará interés y por consiguiente, no venderá.
- El estilo debe ser simple: Compañeros músicos, asúmanlo: Para la persona común y corriente, es muy difícil que una banda demasiado técnica le llame la atención; Dream Theater fue reconocido varios años después de lanzar su primer LP y Jimi Hendrix tampoco fue reconocido desde un comienzo por su estilo innovador. La demanda de estilos musicales responden a las diversas épocas en las cuales se desarrollan, pues es parte de la evolución musical, si pusiéramos a Metallica en la década de los '50 posiblemente nadie los hubiera tomado en cuenta (además de ser censurados por el excesivo conservadurismo de la época). Hoy en día si una banda debe vender en Chile, debe ser de gustos populares, y los gustos populares son simples. Es cierto que hay estilos más técnicos que también tienen bastantes adeptos, pero hay que tener un oído más refinado para escuchar a bandas como Pink Floyd, The Doors o Deep Purple, o un oído desarrollado y acostumbrado para escuchar heavy metal o música experimental, alternativa o instrumental. Pero prima facie, para una persona común y corriente, esos estilos son demasiado "raros" y no le llaman la atención, así que no está dispuesto a pagar por escucharlo.
- Debe responder a algún fuerte estilo foráneo: Este elemento es principalmente interesante, Chile ha caracterizado su idiosincracia a través de toda su historia en querer parecerse a los países más influyentes del mundo: en su debido tiempo hemos querido ser como los ingleses, como los franceses y como los norteamericanos. No por nada la música más vendida en este país es de músicos extranjeros. Ahora, considerando esto, ¿qué debe hacer un músico chileno para vender en su país? Debe ser como estas bandas extranjeras, tocar música similar a la de éstas para que el consumidor la pueda relacionar con lo que está acostumbrado a oir, y ahí recién generará el interés necesario. Si toca algo muy distinto a lo que está acostumbrado a escuchar de afuera, será muy difícil que le llame la atención algo nuevo... y encima si es chileno. Es cierto que existen excepciones a este punto, siendo la más importante el caso de Los Jaivas; no obstante, es un fenómeno que se da en el mayor de los casos de las bandas nacionales. Hay que recalcar que este punto está bastante relacionado con el punto anterior.
- Finalmente, deben cantar en castellano: Si bien este es un elemento menos complejo, no deja de ser menos importante; el oyente debe ser capaz de identificarse con la música que escucha, y es bastante difícil que lo haga si una banda chilena habla en un idioma que no entiende, y produce sonidos que le costará luego reproducir en su mente. Si bien aún es posible que genere interés en el oyente cantando en otro idioma (pues así generan interés los músicos europeos y y norteamericanos en el mercado nacional), será más fácil que lo haga si canta en el propio idioma del consumidor, más aún considerando que será muy difícil que pronuncie un inglés a la perfección un músico criado bajo el idioma castellano chilensis.
Si se siguen al pie de la letra estos elementos, podríamos decir que la banda venderá y eventualmente podría llegar a triunfar. ¿cuál es el problema con esto? Entre el punto 2 y 3 aparece el problema que se da: Se produce el conflicto entre "lo que el público quiere oir" y "lo que el público debiese oir". La gente quiere oir aquella música con la que se identifica y que le es agradable al oido, aquella música a la que está acostumbrada y que satisfacerá sus deseos, por lo que solo estará dispuesta a gastar en música "que sea lo más parecida posible" a lo que está acostumbrado a escuchar, y no en algo innovador, revolucionario o experimental.
¿Se visualiza el problema? Si un músico quiere hacer un verdadero aporte a la música, sea mezclando estilos, creando un estilo nuevo o introduciendo elementos innovadores, corre el riesgo de que los consumidores no se vean identificados con este estilo y, por consiguiente, no será económicamente viable su promoción; el músico progresista no podrá solventar los gastos mínimos que requiere la elaboración de su música, si es que le alcanza para comer y vivir, y entonces estará obligado a dejar de crearla, y si aún quiere seguir haciéndolo, deberá buscar otra fuente de ingresos o elaborar otra música que sea más copia de lo mismo, pero que le servirá para sobrevivir en el cruel mercado musical (algo que la gente del entorno despectivamente llama como "venderse al sistema" o convertirse en "una banda comercial").
Con esto no quiero decir que se debiese restringir el acceso del público a ciertas bandas comerciales para así darle cabida a otras bandas más innovadoras; si bien existe el conflicto entre la evolución de la cultura musical y el derecho de las personas a escuchar lo que realmente quieren, bajo ningún punto de vista es justificado restringir estos derechos en pos de un fin mayor como sería este desarrollo de la música. Por una parte, sería difícil de determinar que bandas son realmente "un aporte a la música" y cuales son meramente comerciales, sin contar el hecho que una restricción de este tipo a las bandas "no-innovadoras" sería injusta para éstas, además de que generaría un caos en el mercado musical. Si bien es cierto que indirectamente las bandas comerciales estancan el desarrollo de la música en Chile, el problema no es atribuible a ellas y por consiguiente no tienen responsabilidad en ésto; por consiguiente, no sería justo que debiesen sufrir una carga por algo que no tienen responsabilidad alguna.
Y por otra parte, el ordenamiento le da la posibilidad a las personas de adquirir toda clase de bienes sin ningún tipo de limitación arbitaria (Art. 19 N°24 de la Constitución), lo que significa que una restricción de este tipo también sería inconstitucional. Anteriormente me referí al conflicto entre lo que las personas quieren y debiesen oir; por un lado debiesen oir aquello que efectivamente favorezca la evolución de la música, pero si prefieren escuchar una banda que copie el estilo que predomina hoy en día el rock británico tales como Los Bunkers, sería arbitrario limitar este derecho que tienen a preferirlos por sobre otros artistas de calidad.
Bajo esta conclusión se ve que el estancamiento musical existente no es culpa ni del sistema político, económico o comercial que funciona para este mercado. La culpa es de la cultura del chileno: de preferir lo foráneo por sobre lo nacional y de preferir más de lo mismo por sobre lo innovador; de su naturaleza conservadora antes que progresista que tiene el chileno medio.
¿Qué hacer entonces? La respuesta no puede ser más obvia: Apoyar lo nacional -y ojo, que sea de calidad, no cualquier cosa-, ir a tocatas y comprar discos y demos de las bandas nacionales y preferirlas por sobre las foráneas y, principalmente, dejar de ser tan cerrados y abrirse más a los nuevos estilos que puedan surgir de los artistas nacionales para así terminar con este estancamiento musical. Apoyar a bandas como Elso Tumbay para que puedan tener la difusión que realmente merecen que bastante bien lo están haciendo, y así quizás algún día podamos cambiar la mentalidad conservadora del chileno. Pero este problema es aún más grande y escapa tanto a la música como al derecho: es parte de la idiosincracia nacional y lamentablemente es parte de nuestra tierra. Sólo el día en que la cultura chilena puede efectivamente ser catalogada como progresista podremos sacar adelante este país y, de pasada, revitalizar la música nacional y terminar con esta crisis del rock chileno.
Saludos.
Javier A. Muñoz Saguas